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China encabeza la revolución de la baterías eléctricas

El simbolismo quedó claro el pasado mes de junio cuando Emmanuel Macron, rodeado de trabajadores de una fábrica, levantó una elegante batería de litio con la mano derecha y una lámpara minera con la izquierda. Estaba en Douai, una ciudad del norte de Francia con una historia minera que se remonta al siglo XVIII. La ciudad es ahora también el emplazamiento de una fábrica de baterías, que permitiría a Francia producir internamente todas las piezas de los vehículos eléctricos. Esta fábrica, declaró Macron, representa una “revolución económica y ecológica”.

Macron reconoció inmediatamente que Francia no lo había conseguido sola: “Hemos traído inversionistas del otro lado del mundo. Transfirieron sus tecnologías. Ayudaron a capacitar a la gente”, declaró Macron, señalando a un hombre a su lado.

Se trataba de Zhang Lei, fundador de Envision, una importante empresa china que fabrica turbinas eólicas y baterías de litio. Su división de baterías está invirtiendo hasta 2,000 millones de euros en esta fábrica de Douai y, lo que es más importante, ha aportado su experiencia para una producción en masa eficiente. Macron y él tomaron marcadores y firmaron con sus nombres en la primera batería producida en Douai. “Gracias, porque confió en nosotros y porque hizo exactamente lo que dijo que haría”, afirmó Macron, mirando directamente a los ojos de Zhang.

Baterías y más baterías

Las baterías de litio están convirtiendo la energía solar y eólica en fuentes de energía estables 24 horas al día, 7 días a la semana. Los vehículos que funcionan con baterías están sacudiendo la multimillonaria industria del automóvil y han convertido a Elon Musk en el hombre más rico de la Tierra. Las baterías de litio ganaron incluso un Premio Nobel, y el gobierno de EE UU clasifica ahora el litio como “mineral crítico”.

El auge del litio benefició a un grupo de empresas más que a otras: el batallón de compañías chinas de baterías. Tras décadas de crecimiento discreto, empresas como CATL, BYD, Gotion High-Tech y Envision son ahora los principales proveedores de los vehículos eléctricos y las redes de energía del mundo. Para 2024, más del 80% de las baterías del mundo se producirán en China, según la Agencia Internacional de la Energía. Ahora esas empresas se expanden más allá de las fronteras chinas: en la última década han construido o anunciado la construcción de más de 68 fábricas en todo el mundo, desde Europa hasta América y Asia, según datos recogidos por WIRED y el Rhodium Group, un think tank con sede en Nueva York.

En conjunto, estas fábricas representan una inversión superior a 45,000 millones de dólares, una cifra que subraya la magnitud de la apuesta china por dominar el mercado global de baterías. También reflejan un gran cambio en la forma de fabricar: “Made in China” (Hecho en China) solía ser sinónimo de mano de obra barata, imitaciones y aparatos de cinco dólares. Ahora también significa tecnología punta ensamblada en cualquier parte del mundo.

“Creemos que es una nueva fase. Nunca habíamos visto algo así en las inversiones chinas en el extranjero”, afirma Armand Meyer, analista de Rhodium Group. Según sus cálculos, 2024 fue el primer año en que las empresas chinas de vehículos eléctricos y baterías gastaron más dinero en construir fábricas fuera de China que dentro. “Están preparadas para salir del mercado nacional, y son tan competitivas como los actores occidentales tradicionales, o incluso más. Creemos que es solo el principio”, continúa Meyer.

En la actualidad, algunas de las mejores investigaciones sobre baterías del mundo proceden de universidades y empresas chinas, afirma Brian Engle, presidente de NAATBatt International, una asociación comercial estadounidense del sector de las baterías. Y eso se debe a que China apostó pronto por ello. Cuando Engle visitó un laboratorio de la mejor escuela de ingeniería de China en 2019, vio a más de 60 estudiantes de posgrado construyendo y probando celdas de baterías. Sorprendido, se dirigió a una académica estadounidense en la visita y le preguntó cuántas universidades estadounidenses tendrían que agrupar para encontrar tantos posgraduados centrados en baterías. “Y me dijo que no podíamos. Sencillamente, no podríamos”, recuerda.