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La guerra arancelaria de Trump empuja a los tecnológicos canadienses a replantearse Silicon Valley

La semana pasada, el primer ministro canadiense, Mark Carney, declaró que la “vieja relación” que su país tenía con Estados Unidos había terminado y que estaba claro que ya no es un socio fiable. Los comentarios se produjeron después de que EE UU anunciara nuevos y radicales aranceles a Canadá y de que el presidente Trump pasara meses haciendo comentarios incendiarios que alarmaron a los líderes canadienses, incluyendo sugerencias de que el país estaría “mejor” si fuera anexado a territorio estadounidense.

Finalmente, las tensiones estallaron cuando Trump mencionó que impondría aranceles del 25% a los vehículos fabricados en el extranjero, una medida que podría tener un grave impacto en la economía de Canadá.


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En 2024, México exportó aproximadamente 3.5 millones de automóviles ligeros, de los cuales el 80% se envió al mercado estadounidense.


Entre los canadienses de Silicon Valley

La ruptura entre las dos naciones está provocando un nuevo tipo de orgullo nacional, así como mucha incertidumbre. Por ahora, los aranceles de Trump sobre Canadá no se extienden al software, por lo que el flujo de bienes y servicios digitales entre ambos países permanece prácticamente ininterrumpido. Sin embargo, el caos ha llevado a algunos fundadores e inversionistas a instar a los jóvenes canadienses a crear empresas en casa y fortalecer el ecosistema tecnológico local, mientras que las empresas canadienses con grandes operaciones en EE UU se replantean cambiar de estrategia o incluso de sede.

“Los fundadores canadienses tienen que adaptarse a una nueva realidad en la que ya no se puede contar con dos supuestos fundamentales que hemos dado por sentados durante décadas: EE UU es un socio comercial fiable y ambos países tienen un acuerdo de libre comercio estable y mutuamente beneficioso”, afirma Chris Neumann, socio de Panache Ventures en Vancouver y antiguo fundador de una startup.

Al mismo tiempo, algunos canadienses afirman a WIRED que el capital social y financiero de Silicon Valley sigue siendo un gran atractivo para los trabajadores tecnológicos. Por ejemplo, muchos empresarios ambiciosos aprovecharían la oportunidad de entrar en el acelerador tecnológico Y Combinator de EE UU, “tanto si vienen de Canadá como si vienen de Argentina”, refiere Michael Buhr, director ejecutivo de C100, un grupo de redes sin fines de lucro para canadienses en Silicon Valley.

“Me gusta bromear diciendo que no se puede poner un arancel al talento”, añade Brandon Waselnuk, ejecutivo de la aplicación de documentación Mintlify, en un evento celebrado en California la semana pasada. Waselnuk es originario de Ottawa, pero ahora vive y trabaja en San Francisco. En enero, posteó en redes sociales un llamado para encontrar a otros canadienses del sector tecnológico que también se sintieran inquietos por las crecientes tensiones entre EE UU y su país de origen. Varios usuarios se pusieron en contacto, y Waselnuk empezó a organizar eventos locales para lo que bautizó como la “Maple Syrup Gang” (La pandilla del jarabe de maple). La primera salida fue una excursión por la ciudad y degustación de chocolate, codirigida por su esposa.

Waselnuk organizó la reunión de la semana pasada en las elegantes oficinas de Bain Capital, en el centro de San Francisco. Alrededor de 60 empresarios y capitalistas de riesgo canadienses se reunieron para ver demostraciones de empresas mientras comían pizza y poutine (un platillo de papas fritas con salsa gravy y queso). Al saludar a la gente cerca de la entrada, Waselnuk parecía la quintaesencia de Canadá, tanto por su afabilidad como por su atuendo: su sombrero llevaba el logotipo de la red de senderos recreativos, Trans Canada Trail. Su camiseta roja con una hoja de arce no necesitaba explicación.