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Investigar los ataques contra Tesla como “terrorismo doméstico” pone en peligro a activistas en EE UU

Aunque no está claro cómo se desarrollarán las actuales investigaciones sobre terrorismo doméstico del FBI, Musk y otros ejecutivos de Tesla podrían tener un acceso similar e influencia sobre las averiguaciones. Cuando los casos lleguen a los tribunales, Tesla también podría optar por una indemnización del gobierno en forma de restitución. Estos fondos suelen utilizarse para pagar a las familias de las víctimas del terrorismo, pero German explica a WIRED que las empresas también pueden optar a ellos. Estipula que, en un caso penal exitoso, no ve ninguna razón por la que Tesla no sería compensada. La compañía de Musk también podría optar por dinero de los programas estatales de compensación a víctimas del terrorismo, que reciben algunos fondos del gobierno federal.


Elon Musk con un sombrero en el que se lee Make America Great Again (MAGA) reordenando las piezas de una casa de muñecas con forma de Casa Blanca.

Los leales a Musk se infiltraron en decenas de agencias federales, echaron a miles de trabajadores y desviaron millones de datos sensibles. El siguiente paso: desatar la IA.


¿A qué riesgos se enfrentan los manifestantes?

Las investigaciones sobre terrorismo doméstico suelen ser delicadas. Organizaciones como la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) argumentan que el FBI las utiliza comúnmente para vigilar a activistas y comunidades de color sin la supervisión adecuada.

El presidente Trump ha mencionado que su administración se está tomando muy en serio los incidentes relacionados con Tesla: “Las personas que sean sorprendidas irán a la cárcel por hasta veinte años, y eso incluye a los financiadores. ¡¡¡¡LOS ESTAMOS BUSCANDO!!!!”, escribió Trump en una publicación en las redes sociales la semana pasada.

Hina Shamsi, directora del proyecto de seguridad nacional de la ACLU, manifiesta que, en lugar de “centrarse en la conducta criminal más grave”, las agencias federales han desperdiciado recursos y abusado de su autoridad al “tratar la supuesta desobediencia civil no violenta o el vandalismo como justificación para investigaciones arbitrarias de los derechos civiles y otros activistas”.

German reitera que, históricamente, el FBI ha respaldado la llamada “teoría de la radicalización”, que postula que las creencias de los extremistas escalan de forma natural a partir de concepciones moderadas y ampliamente extendidas. Según German, esa lógica justifica que el FBI extienda una amplia red de vigilancia, especialmente cuando se trata de activistas: “Sugieren que cualquiera que tenga una ideología similar podría estar dispuesto a cometer el mismo tipo de delito. Hemos visto muchos abusos de las autoridades de investigación del FBI, sobre todo en torno a grupos de defensa nacional”.

Hace cinco años, el FBI utilizó la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, por sus siglas en inglés) para vigilar a personas que participaban en protestas de Black Lives Matter, investigando si tenían vínculos con terroristas. El inspector general del DOJ calificó el incidente de “un ejemplo del incumplimiento generalizado” de las normas de la FISA por parte del FBI. German concluye que, en este caso, en lugar de centrarse en personas que supuestamente han cometido incendios provocados o actos de violencia, el FBI podría vigilar a personas que cree que expresan ira o aversión hacia Tesla o Elon Musk.

Artículo originalmente publicado en WIRED. Adaptado por Alondra Flores.