

Gigantes de Silicon Valley como Amazon, Meta y OpenAI están compitiendo por desarrollar “sistemas operativos” para dispositivos impulsados por inteligencia artificial, y es probable que 2026 sea el año en que estos esfuerzos empiecen a despegar. Los dispositivos se construyen en gran medida en torno a un futuro en el que los agentes de IA pueden realizar acciones en nombre de un usuario, sin necesidad de que este visite una aplicación o una página web.
En teoría, puede parecer una relación idílica entre humanos y tecnología. Pero podría reescribir el modelo de negocio de gran parte de las empresas de tecnología de consumo.
En lugar de navegar por aplicaciones repletas de anuncios y ofertas adicionales, los dispositivos de IA prometen que el usuario podrá solicitar un resultado y obtenerlo. Un asistente de IA, en teoría, reservará tu viaje, te pedirá el almuerzo o te repondrá las toallas de papel. Debería ser capaz de determinar qué servicio tiene lo que necesitas y cuál puede ofrecértelo de forma rápida y económica.
Dejando a un lado el problema no trivial de que los agentes de IA actuales pueden ser bastante poco fiables, los sistemas operativos impulsados por IA también amenazan con separar a las empresas de sus usuarios. Eso podría ser una pesadilla para los desarrolladores de aplicaciones.
Empresas como Uber y DoorDash se han basado en mantener a los consumidores dentro de sus aplicaciones, donde pueden mostrar anuncios, vender otros servicios y generar lealtad para que los usuarios regresen.
Los agentes de IA pueden reducir la oferta de muchos de estos negocios a sus servicios principales y reducir la necesidad de que los usuarios visiten las aplicaciones. Por lo tanto, incluso si un usuario paga el mismo precio por una entrega de DoorDash hecha a través de un par de gafas de IA, la empresa podría perder oportunidades de ofrecerle servicios adicionales en el futuro.
Anjney Midha, inversionista y miembro de la junta directiva de Sesame (la startup de dispositivos de IA cofundada por exlíderes de Oculus, incluyendo a Brendan Iribe), sostiene que si las empresas no tienen “un control profundo sobre el suministro de su producto”, les resultará muy difícil operar en un mundo en el que tienen que llegar a los usuarios a través de un agente de IA.
Históricamente, un aspecto clave del desarrollo de un sistema operativo exitoso ha sido la creación de una plataforma de desarrollo próspera. Las empresas deben ofrecer a los desarrolladores una buena razón para crear aplicaciones para sus plataformas. Sin embargo, la relación no ha estado exenta de tensiones. Por ejemplo, si bien Apple ha brindado a los desarrolladores una forma de llegarle a un gran número de usuarios, también se ha llevado hasta un 30% de las compras realizadas dentro de la aplicación.
Algunas empresas tecnológicas son reacias a permitir que los agentes de IA de las startups más pequeñas se interpongan entre ellas y sus usuarios.
Rabbit, la startup detrás del popular dispositivo R1 que debutó en el CES 2024 (y recibió críticas negativas ), ya se topó con este obstáculo. Su director general, Jesse Lyu, declaró a WIRED que los principales desarrolladores de aplicaciones como Uber no estaban muy dispuestos a cooperar con la compañía desde el principio, negándose a concederle a la startup acceso a la API que habría permitido al R1 solicitar viajes directamente. Como resultado, Rabbit ideó soluciones alternativas para que sus dispositivos R1 pudieran acceder a aplicaciones como Uber sin acceso formal.
“Tienes que entender por qué no están tan contentos: venden anuncios, carajo. Ahí es donde muchos ganan dinero”, explicó, refiriéndose a la industria tecnológica en general. “Decidieron que éramos demasiado pequeños y que no valía la pena trabajar con nosotros”.